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 Apologo de los Hijos de la Luna: Capitulo II "Adversario"

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AutorMensaje
Siegfried Ocinarg

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Cantidad de envíos : 38
Fecha de inscripción : 04/05/2009

MensajeTema: Apologo de los Hijos de la Luna: Capitulo II "Adversario"   Vie 22 Mayo - 14:31

Sed templados, y velad; porque vuestro Adversario el diablo, cual león rugiente, anda alrededor buscando á quien devorar
1° Pablo 5:8


Cansado de esperar al sol en su fortaleza, el hijo primogénito comenzó a sentir la desazón de la soledad. Observando al sol había construido por sí mismo una ciudad fortificada y estable en donde sustentaba su poderío en lo que se extraía de la tierra, el mineral bruñido que refulgía al sol, su nombre era Zhera y la frialdad de su cuerpo y la palidez de su rostro lo hacían ser llamado hijo del viento.

Muchos años vivió Zhera solo porque los años inmortales le pesaban en el alma. Solo y recordando solamente la compañía de aquellos en los que el tiempo no tenia dominio, discutió mucho contra sí mismo y con fuerza tratando de convencerse de que debía hacerlo, ir en su búsqueda y entonces por fin una mañana nublada bajo de su montaña y de su ciudad en las nubes y decidió emprender la búsqueda de su hermana.

Vagó por el mundo entero barriendo cada continente en su búsqueda, de lugar en lugar, pista tras pisa y no encontró más que sombras, entonces deseo poder saber el pensamiento de los humanos, poder descifrar hasta el más profundo de los secretos, y como si solo ocupara pedirlo, las voces de los pensamientos comenzaron a enloquecerlo, no solo se trataba de la voces de los humanos, también escuchaba a los demonios hablar en susurros en el viento, a los ángeles mirando la vida y a las criaturas que se movían por el mundo.

Fue entonces que escuchando las voces y la malicia oculta tras los pensamientos que perdió la razón, perdió el poder sobre su propio cuerpo mimetizado de humano y se convirtió en receptáculo de aquellos que moraban en el viento, sin importar quién o cuando… y entonces se volvió salvaje y fiero, dejo su conciencia y se volvió un demonio y luego un ángel, y luego….Nada. Fue entonces que poseído por demonios que probo la carne y la sangre que latía viva en el interior y comprendió lo sagrado que era este liquido, la locura empeoraba cada día un poco más, hasta que por fin, ya perdiendo la esperanza logro escuchar lo que quería y entonces… las voces y los pensamientos enmudecieron.

Escucho sobre la mujer que viva por siempre, aquella que vivía en la costa mirando a la luna y que era la madre de aquellos que partían a la mar, de inmediato Zhera supo de quien se trataba, sin perder tiempo se embarco en la búsqueda de su hermana amada, la cordura había vuelto a su vida, tenía el control de su cuerpo, pero ahora sentía un peso enorme en su pecho, la constante seguridad de que no estaba solo, de que aquellos que Vivian en el viento volverían por él a susurrarle palabras de terror y horror, miraba tras sus pasos escuchando en el susurro hasta el más leve de los sonidos y miraba en la lejanía hasta un punto del horizonte, sin embargo, ya que su cuerpo había probado el sabor de la vida, no podía negar que ese sabor le resultaba embriagador.

Zhera llego hasta la costa, buscando algo que le resultara familiar, un rostro, un olor, un sabor, y entonces, de nuevo derrotado por si impaciencia, miro a lo lejos en la playa alejada, un lugar donde ahora es Asia como la Luna bajaba a la tierra y se unía tras las dunas, corrió rápidamente para ver mejor aquel extraño suceso y grande fue su sorpresa al mirar en un acantilado, parada tan hermosa como la recordaba, mirando la luna que había bajado a la tierra, a su hermana…

Pero Bahir no estaba sola, había en su expresión un amor infinito e inconmensurable, una paz que él no tenía y una luz que parecía hacerla titilar, enfermo de celos corrió a su encuentro llamándola por su nombre y ella lo miro, la larga separación pareció nada pues la alegría se reflejaba en sus ojos negros y ella también corrió a su encuentro, el, la tomo en brazos levantándola del suelo y ella hundió sus dedos entre el cabello rubio de su hermano.

-¡¡Zhera!! .-Grito, henchida de alegría Bahir, y su abrazo cálido se fundió con el frio de Zhera.

- ¡deseaba verte en verdad!, Esto es un sueño, un sueño hermano mío.-

Zhera sonrió y aun sosteniendo su cuerpo contra el suyo busco su mejilla y la beso con ternura

-¡Perdona Bahir! Perdona, no sabía que era estar sin ti, me arrepiento de corazón, la soledad de los inmortales debió ser aun más amarga para ti hermana mía.- susurro con sentimiento Zhera apretando aun más fuerte el cuerpo pequeño de Bahir.

Entonces tras las piedras se escucho un ruido, y al cabo apareció un pequeño de ojos dorados y y cabellos blancos, su piel era blanca y perlada pero su cuerpo se miraba lleno de vida y salud, miraba a Zhera con curiosidad y cierta precaución y luego sus ojos se posaron sobre Bahir, entonces una chispa de odio corroyó el interior de Zhera, por que aquella mirada era de pertenencia, miro a Bahir con recelo depositándola suavemente sobre el suelo y esta que debía haberse quedado a su lado desmintiendo lo que sus ojos veían se separo de él y se acerco al pequeño.

-Saluda Aldebaran, el es tu tío.- pidió Bahir y entonces de detrás de acantilado otras pisadas se oyeron, un lobo de pelaje blanco se acerco hasta su hermana y el pequeño, Bahir sonrió al animal y puso su mano protectora sobre la cabeza de este.

-Y este es mi esposo, Sarbia, el señor de los lobos que viven bajo el poder del espíritu de la Luna

Zhera dio un paso vacilante atrás, tenía que ser mentira, se dijo con vehemencia, esta no podía ser realidad, los dos único hijos inmortales no podían unirse a nadie más que no fueran ellos mismos, todo el tiempo de la separación había guardado un sentimiento egoísta y dominativo que le decía con seguridad que nunca estaría solo pues Bahir era su todo, se pertenecían uno al otro de una manera que no podrían nadie entender, pero ahora, después de la separación se estaba dando cuenta que un animal le había robado lo que le pertenecía y no solo eso, había corrompido el cuerpo perfecto y sagrado de Bahir.

Entonces las voces regresaron, y los que habitaban en el viento le susurraron obscenidades, le hablaban de la muerte y la venganza, de tomar en sus manos la vida de su adversario y a si regresar lo que le pertenecía, le pedían a gritos que bebiera la sangre de el lobo y en un acto aun mas abominable, quemar en fuego al pequeño que se había engendrado en las entrañas de lo que el mas amaba.

-¡¡Ven!! ¡¡¡Ven querido Zhera!!!, ¡¡Quédate con nosotros!! Volvamos a estar como antes, no me quites el placer de ver tu rostro.- pidió Bahir con dulzura sin darse cuenta que dentro de Zhera el deseo de destruir todo lo que ella había aprendido a amar estaba inflándose sin dejar espacio para nada más.

-Claro que si Bahir, iré contigo y tu familia.- respondió por fin Zhera acallando con sumo esfuerzo las voces demoniacas y siguió a su hermana que se alejaba con aquel andar tan suave que el recordara con nostalgia.

El sol parecía más abrazador que nunca con sus rayos inclementes quemando la piel de aquellos que paseaban bajo su mirada, así mismo Zhera miraba con el odio quemado en sus pupilas la nueva vida que su hermana había escogido para sí misma, habitando en una pequeña casa, escuchando al mar y mirando crecer a su hijo, para Zhera estas cosas eran tan poca cosa, eran nada comparado a la urbe que él había creado sin ayuda, con el observatorio al sol y el templo que había creado para admirarle, no entendía como era que Bahir veneraba a la Luna si esta por sí sola no puede brillar. Cada día más, Zhera se convencía de que lo que Bahir vivía era solo un estado de un hechizo, hasta llego a pensar que estaba poseída pues aunque las voces de los pensamientos y de los que habitaban en el viento seguían tan claras como siempre, el no podía escuchar la voz de Bahir, ni la de el lobo y menos la del pequeño, se encontraba contrariado y su odio crecía cada día de manera exponencial.

Bahir no se daba cuenta de esto, pensaba que el semblante sombrío de su hermano se debía más a las preocupación por su ciudad y no tanto por algo en lo que ella estuviera involucrada, por eso era condescendiente, y su afecto meramente fraternal se volcaba a tratar de hacer sonreír un poco más a su hermano, pues creía que dentro de poco tiempo este, la abandonaría nuevamente.

Sin embargo, Sarbia que no era un animal sin inteligencia o ciego si había reparado en las miradas y los arrebatos de ira de Zhera, Sarbia no oía los pensamientos de las personas, pero a cambio podía sentir ese flujo de emociones que movían a la gente a actuar como actuaba, era un olor en el aire, como el miedo en las presas, le sorpresa de los enemigos y el profundo amor que su familia le profesaba, y así como sabia estas cosas, Sarbia olía en el viento el odio y el rencor en la persona de Zhera y aun con ello, por ver la felicidad de Bahir en su rostro, aguardo a su lado a que ese odio siguiera guardado dentro de Zhera y no tratara de herir a su familia.

Sin embargo, a pesar de todo, Zhera seguía mirando al sol, y al igual que el espíritu que moraba en la Luna, un espíritu vivía para el sol, y mientras los sentimientos le intoxicaban el alma, aquel espíritu le rogaba que volviera a su ciudad, que regresara al templo, pero para Zhera no había retorno, las voces no pararon y atormentado por ellas sello su destino ignorando al sol y pacto con los demonios; la vida de su sobrino, por el amor de su hermana…. y los demonios aceptaron agregando un poco más al trato, no solo al hijo, también querían la sangre del padre.

Zhera fuera de sí y desesperado acepto el trato y una noche en que la Luna estaba ausente, dio el golpe. Su cuerpo inmortal fue poseído, y sus ojos se volvieron rojos, y se volvió como una bestia apiñonada, pálido y con garras, sediento de la sangre del lobo y de la del pequeño, sin pensamientos cuerdos sin razones, sin nada.

Entro a la choza junto al mar, y su sola presencia calaba el aire, Sarbia olio el aire y el olor de azufre le dejo la nariz seca, rápidamente se interpuso entre Zhera y su familia, Bahir cubrió a su hijo poniéndolo tras de sí, ocultándolo a la mirada despiadada de Zhera.

-¡¡Zhera!! , ¡es mi familia! ¡Zhera, es mi familia!.- grito Bahir con la garganta seca y estremecida de horror, Zhera se abalanzo sobre el cuerpo de Sarbia y sus garras abrieron la piel hundiéndose entre las costillas, sangre broto de la herida y un aullido de dolor lleno la choza.

-¡¡¡NOOO!!!, ¡¡NO!!, .- Grito Bahir desgarrándose la garganta

-¡¡Padre!!, ¡¡padre!!!.- grito el pequeño tratando de apartar a su madre para salir a ayudar a su padre

Zhera sonrió relamiéndose los labios con una lengua larga como serpiente y los dientes afilados destilando baba y espuma, Zhera no siguió para matar a Sarbia, lo dejo lo bastante herido para no intervenir y consiente para mirar lo que seguía.

-Mira lo que sigue, como comeré la carne de tu hijo y beberé su sangre…- dijo Zhera enloquecido por el olor a sangre que brotaba del lobo.
Bahir escucho la amenaza y las manos le temblaron al escuchar las palabras, era el terror, el horror, la desgracia y la impotencia, pero también la determinación, le furibundo deseo de proteger a su hijo.

-¡¡¡MI HIJO, MI HIJO NO!!!, ¡¡MI HIJO NO!!.- Grito con una mezcla de furia y terror Bahir y en lugar de aguardar el golpe que la apartara de su hijo corrió al encuentro de su hermano, su sangre inmortal hirvió en sus venas y sus manos pequeñas y su cuerpo menudo se volvió duro y fuerte, golpeo a Zhera con todas sus fuerzas y desesperada como se encontraba ataca con uñas y dientes a su hermano.

-¡¡HUYE ALDEBARAN!! , ¡¡HUYE!!,- grito Bahir mirando suplicante a su hijo que no podía moverse, el miedo le atenazaba el corazón y los músculos, el pavor de perder a su familia y el sufrimiento de saber -porque ya lo sabía- que nunca mas volvería a ver a su madre y a su padre.

Un aullido volvió a salir de la garganta de Sarbia, gritaba a la luna que volviera para salvar a su hijo, gritaba pidiendo a los espíritus la fuerza para destruir a su enemigo. Miro a los ojos a su hijo y fue como si el pensamiento cruzara la habitación dándole la tan temida despedida.

-Tú me perteneces…- susurraba Zhera aun tratando de contener a Bahir que no dejaba de atacarlo, le había abierto heridas en el pecho y la cara, le faltaban pedazos de carne sobre las costillas y los huesos del antebrazo se miraban bajo las profundas heridas.

-¡¡¡NO!!!.-grito Bahir con todas sus fuerzas y cayó al suelo bajo las manos de Zhera que la mantenían prisionera. Entonces Zhera también cayó, herido por la espalda, Sarbia se había puesto de pie nuevamente y sus fauces herían el hombro con la presión de sus mandíbulas, meneaba la cabeza hasta que un trozo de carne y astillas de hueso caían al suelo, Bahir salió debajo de Zhera y corrió hasta su hijo.

-Sal, vete y no mires atrás.- suplico la mujer y le dio un beso en la frente a su hijo

Aldebaran lloro de dolor y se dirigió a la ventana listo para saltar por ella. Pero entonces, con los ojos abierto de espanto vio como Zhera tomaba el cuerpo de su padre y jalando de los extremos, lo partía a la mitad.

-¡¡¡¡¡NOOOOOOOOOOO!!!!!.- gritaron a la vez Bahir y Aldebaran manchados ellos también de la sangre que había saldo en todas direcciones tras la muerte de Sarbia.

Zhera no bien había terminado con Sarbia miro al pequeño en su intento de escape y a gran velocidad salió a su encuentro, con las garras por delante dispuesto a enterrarlas en el pequeño cuerpo para después también despedazarlo.

-¡AAAAAAGRHHH!,. Se escucho el grito de dolor.

-¡¡¡NOOOOO!!!, ¡¡TU NO!!,.- grito Zhera pues lo que sus manos habían atravesado había sido el cuerpo de Bahir interponiéndose para que no tocara a su hijo.

La noche se estaba extinguiendo y en el crepúsculo de un nuevo día, la Luna que había escuchado sin poder hacer nada por su hijo y sus fieles se miraba desdibujada en el firmamento desafiando la lógica pues del otro lado del firmamento, el sol nacía.

-Sálvalo…- pidió con su último aliento Bahir mirando a su hijo.

Entonces el espirito de la luna suplicante al sol logro llegar hasta Abisai y lo volvió un lobo pequeño blanco como su padre y lo llevo lejos adentrándose en el bosque.

-¡¡¡NOOOOOOOOOOO!!!,.-grito Zhera enloquecido exorcizando el demonio que se encontraba dentro de el, mirando el último aliento de su hermana y sabiendo que no era para él.

-Bahir…Bahir…-

Su hermana entonces lo miro a los ojos y aun cuando estaba destrozada le sonrió

-Te perdón..- y Bahir murió

Entonces la rabia se alzo nuevamente y perdió la cordura nuevamente. Salió al día que se alzaba, con la sangre de Bahir y Sarbia goteando en su boca y sus manos.

El espíritu del sol lo miro entristecida y para castigarlo lo hirió en su fuerza haciéndolo débil, pero sin matarlo.

Zhera cayó al suelo agotado de dolor y el espíritu del sol lo miro con tanta intensidad que su piel comenzó a brillar.
…………………
Sin embargo, y a pesar de que Zhera volvió a su tierra, en su pecho quedo la inquietud de que en algún lugar del mundo, el hijo de Bahir y Sarbia seguía con vida mirando a la luna, y el, -Zhera- algún día lo encontraría para beber su sangre como lo había prometido.
[/size] Razz


Última edición por Siegfried Ocinarg el Dom 24 Mayo - 19:07, editado 1 vez (Razón : Perdi el nombre original jaja!)
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